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Desorbitación de los Satélites Starlink: Cómo SpaceX los Hace Reentrar de Forma Segura

13 July 2026  ·  Actualizado 13 July 2026

Gabriel Caetano

Gabriel Caetano

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Desorbitación de los Satélites Starlink: Cómo SpaceX los Hace Reentrar de Forma Segura

Descubre cómo se desorbitan los satélites Starlink al final de su vida útil. Aprende cómo funciona el proceso de reentrada, por qué SpaceX retira sus satélites, cuál es el impacto ambiental de la reentrada atmosférica y qué futuro espera a las megaconstelaciones de satélites.

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1. ¿Qué es la desorbitación de satélites Starlink? Una explicación sencilla

Qué significa la desorbitación de satélites en el contexto de la órbita terrestre baja

La desorbitación de satélites es el proceso deliberado de reducir la altitud de una nave espacial hasta que vuelve a entrar en la atmósfera terrestre y se desintegra o impacta contra la superficie. En el contexto de la órbita terrestre baja (LEO), donde opera Starlink, la desorbitación es la única opción de eliminación responsable. A diferencia de los satélites en órbita geoestacionaria (GEO), que pueden trasladarse a una "órbita cementerio" situada cientos de kilómetros por encima de su altitud operativa, los satélites en LEO no pueden trasladarse fácilmente a una zona de aparcamiento segura a largo plazo. La física simplemente no lo permite: elevar un satélite requiere combustible del que las naves en LEO raramente disponen en exceso, y aunque lo tuvieran, cualquier órbita por debajo de aproximadamente 2.000 km acabará decayendo por sí sola debido a la resistencia atmosférica residual.

El mecanismo básico de la desorbitación es sencillo. Un satélite en órbita viaja a aproximadamente 7,5 km/s. A esa velocidad, incluso la atmósfera extremadamente tenue a una altitud de 400-550 km ejerce una pequeña pero constante fuerza de resistencia. Con el tiempo, esta resistencia reduce la velocidad del satélite, lo que baja su órbita, lo que lo expone a un aire más denso, lo que genera más resistencia, en un ciclo que se retroalimenta y acaba en la reentrada. El proceso puede durar años si se deja actuar a la naturaleza (decaimiento orbital pasivo) o puede acelerarse considerablemente mediante el uso de propulsores a bordo (desorbitación controlada).

Algunos términos clave ayudan a aclarar el tema. El perigeo es el punto más bajo de una órbita; el apogeo es el más alto. Cuando un satélite activa sus propulsores para desorbitar, normalmente realiza una quema en el apogeo que baja su perigeo hacia la atmósfera más densa. El coeficiente balístico describe cómo interactúan la masa y el área de sección transversal de un satélite con la resistencia atmosférica: un satélite más pesado y compacto se degrada más lentamente que uno más ligero y plano. Y la altitud de destrucción es la altura a la que se espera que la fragmentación estructural y la destrucción térmica sean completas, normalmente entre 70 y 80 km sobre la superficie.

Cómo funciona el proceso de reentrada controlada de Starlink paso a paso

La desórbita controlada de un satélite Starlink sigue una secuencia bien definida. Comienza con una orden emitida desde el centro de operaciones satelitales de SpaceX. El ordenador de a bordo del satélite recibe la instrucción y empieza a ejecutar una secuencia de maniobra de desórbita preprogramada.

Los satélites Starlink utilizan propulsores de efecto Hall alimentados con kriptón o argón para elevar la órbita, realizar maniobras y desorbitar al final de su vida útil. La primera generación V1 usaba kriptón, y entre 2018 y 2023 este gas se empleó para alimentar los propulsores de efecto Hall a bordo de los satélites de internet Starlink. Los satélites Starlink V2-mini han pasado a usar propulsores de efecto Hall de argón, que ofrecen un impulso específico superior.

Cuando un satélite llega al final de su vida útil o desarrolla anomalías de hardware, sus propulsores se activan para reducir la órbita de forma progresiva. SpaceX utiliza una estrategia de descenso propulsivo automatizado. Mediante el uso de propulsores de efecto Hall alimentados con kriptón o argón a bordo, los satélites reducen su perigeo hasta las capas más densas de la atmósfera. Esto evita la acumulación de satélites «muertos» en órbita, que de otro modo podrían convertirse en residuos cinéticos y poner en peligro otras naves espaciales.

Al utilizar propulsores Hall para reducir la órbita hasta aproximadamente 300 km, la resistencia atmosférica toma el relevo, completando el proceso de desorbitación y reduciendo el propergol necesario para las maniobras activas. El satélite desciende a través de capas atmosféricas cada vez más densas. A una altitud de aproximadamente 120 km, el calentamiento aerodinámico comienza a intensificarse de verdad. Cuando el satélite alcanza entre 80 y 70 km, en la mesosfera y la estratosfera superior, la intensa fricción genera temperaturas que provocan que la estructura de aluminio del satélite se funda, se fragmente y se vaporice.

Starlink aplica un enfoque de reentrada dirigida para desorbitare los satélites sobre océanos abiertos, alejados de islas pobladas y de las rutas aéreas y marítimas de mayor tráfico. Una reentrada dirigida exitosa requiere mantener el control de actitud hasta altitudes muy bajas (~125 km), muy por debajo de los requisitos de diseño de estos primeros vehículos Starlink. Esta capacidad de control les permite pilotar los satélites a lo largo de una trayectoria de referencia, utilizando la resistencia variable (en lugar de propulsión) para eliminar energía de la órbita. Los paneles solares de un satélite V1 se modulan para inducir resistencia aerodinámica.

Reentrada controlada frente a no controlada: por qué importa esta distinción

La distinción entre reentrada controlada y no controlada es fundamental para entender la gestión del riesgo de basura espacial.

Una desorbita controlada consiste en que un satélite utiliza activamente su sistema de propulsión para reducir su órbita de forma predecible. Starlink aplica un enfoque de reentrada dirigida para desorbitar satélites sobre el océano abierto, lejos de islas pobladas y rutas aéreas y marítimas con mucho tráfico. La ventana de reentrada se calcula con precisión y los restos caen en zonas oceánicas deshabitadas.

Una reentrada no controlada se produce cuando un satélite pierde su capacidad de propulsión o sufre un fallo total del sistema. En este caso, la órbita de la nave decae de forma pasiva debido a la resistencia atmosférica, pero el momento y la ubicación geográfica de la reentrada no pueden controlarse con exactitud. La zona de caída de los restos presenta una incertidumbre inherente.

SpaceX elige el enfoque en función del estado del satélite. Los satélites en buen estado reciben comandos de desorbita controlada. Los satélites que pierden propulsión pero permanecen en órbitas suficientemente bajas decaen de forma pasiva, aunque el objetivo de la empresa es minimizar estos eventos no controlados. Los datos presentados por SpaceX indican una tasa de fiabilidad en la eliminación de satélites superior al 99 %, y la gran mayoría de su flota retirada desciende de forma segura en un plazo de seis meses tras recibir los comandos de desorbita.

Jonathan McDowell, el astrofísico del Harvard-Smithsonian que hace un seguimiento independiente de cada satélite Starlink, ha descrito el proceso como algo más parecido a una «decadencia orbital asistida por propulsión» que a una maniobra de desorbita impulsiva tradicional, y señala que la técnica se sitúa a medio camino entre una reentrada totalmente controlada y una totalmente incontrolada.

2. Por qué SpaceX retira los satélites Starlink de órbita: los cuatro motivos principales

Jubilación al final de su vida útil

Los satélites Starlink están diseñados con una vida operativa limitada. La constelación Starlink tiene un ciclo de vida operativo claramente definido de cinco años. El lote dado de baja estaba compuesto principalmente por naves espaciales de las primeras generaciones v1.0 y v1.5, lanzadas entre 2019 y 2021. Al haber alcanzado su vida útil prevista de cinco años, estas unidades se retiran para dejar espacio a equipos de mayor capacidad.

Esta obsolescencia programada es totalmente intencionada. En lugar de construir satélites para que duren 15 o 20 años, como hacen los operadores tradicionales de satélites GEO, los ingenieros de SpaceX diseñan cada nave Starlink para aproximadamente 5 años de servicio operativo. Esta corta vida útil permite a la empresa renovar las generaciones de hardware con rapidez, mejorando continuamente el rendimiento de la constelación sin tener que esperar décadas para sustituir equipos obsoletos. SpaceX planifica los lotes de retirada para minimizar las interrupciones del servicio, asegurándose de que los satélites de reemplazo ya estén en posición antes de que los más antiguos inicien su secuencia de desorbitación.

Fallos y anomalías en los satélites

No todas las desorbitaciones se planifican con meses de antelación. Algunos satélites presentan problemas que obligan a una retirada anticipada.

El lote dado de baja estaba compuesto principalmente por naves espaciales Starlink de primera generación v1.0 y v1.5, lanzadas entre 2019 y 2021, que o bien han alcanzado su vida operativa prevista de cinco años o bien han mostrado anomalías tempranas de degradación en las baterías y la telemetría. Los fallos de propulsión, la degradación del sistema de alimentación eléctrica y las anomalías de software contribuyen también a las retiradas no planificadas.

El ejemplo más dramático de un evento de deórbita masiva no planificada ocurrió en febrero de 2022. Una tormenta geomagnética menor de nivel G1 calentó la atmósfera superior de la Tierra lo suficiente como para arrastrar a 40 satélites Starlink recién desplegados hacia una reentrada ígnea en cuestión de días. SpaceX indicó que los datos de navegación GPS del nuevo lote de satélites Starlink mostraban un aumento en la resistencia atmosférica un 50 por ciento superior al registrado en lanzamientos anteriores. Los satélites, desplegados apenas un día antes de la tormenta, se encontraban en una altitud de preparación baja de aproximadamente 210 km y no pudieron superar la resistencia adicional para elevar sus órbitas.

Con una flota de más de 10 000 satélites operativos, los fallos estadísticos son inevitables. La cuestión no es si los satélites van a fallar, sino con qué rapidez y seguridad se pueden retirar. La estrategia de deórbita proactiva de SpaceX está diseñada para reducir los riesgos de colisión orbital antes de que un satélite pierda la capacidad de maniobra.

Mitigación proactiva de riesgos y gestión de conjunciones

La filosofía de SpaceX se inclina por actuar con antelación. En lugar de exprimir los últimos meses de servicio de un satélite que muestra signos de degradación, la compañía prefiere desorbitar mientras la propulsión sigue siendo funcional. Este enfoque reduce drásticamente el riesgo de que un satélite muerto, sin control y en tumbling, derive por corredores orbitales con mucho tráfico.

Starlink adopta una postura conservadora en las decisiones de deórbita basándose en el análisis de riesgos de posibles fallos de hardware. En 2024, Starlink comenzó una deórbita proactiva a gran escala de los primeros satélites V1 tras identificar un problema común en una pequeña parte de estos satélites que podría aumentar la probabilidad de futuros fallos. Muchos de estos satélites llevaban más de cinco años en órbita en el momento de su deórbita.

El Síndrome de Kessler, una cascada teórica en la que una sola colisión genera fragmentos que provocan más colisiones, las cuales a su vez generan aún más fragmentos, sigue siendo la principal preocupación que impulsa las decisiones proactivas de desórbita. A las altitudes en las que opera Starlink (aproximadamente entre 480 y 550 km), una sola colisión catastrófica podría crear miles de fragmentos que persistirían durante años o décadas, amenazando toda la constelación y los activos de otros operadores.

SpaceX mantiene sistemas automatizados de evitación de colisiones que procesan datos de conjunciones de forma continua. Cuando se superan los umbrales internos de probabilidad de colisión, el sistema puede activar no solo maniobras evasivas, sino también, en algunos casos, decisiones de desórbita preventivas para satélites cuyos márgenes de evasión se están reduciendo.

Actualización de la flota: preparando el camino para el hardware de nueva generación

A medida que SpaceX retira el hardware antiguo de la v1.0, va reemplazando esos huecos con satélites Block 3 lanzados mediante Falcon 9 y Starship. Cada generación de hardware de Starlink es considerablemente más capaz que la anterior, y mantener en servicio satélites más viejos y menos eficientes supone ocupar ranuras orbitales y capacidad espectral que podrían aprovechar sustitutos de mayor rendimiento.

La cronología de generaciones ilustra el ritmo del cambio:

  • V1.0 (2019–2021): bandas Ku/Ka, enlaces intersatelitales limitados, propulsores de kriptón, ~260 kg
  • V1.5 (2021–2022): incorporación de enlaces intersatelitales láser, ~260–306 kg
  • V2 Mini (2023–presente): aproximadamente 800 kilogramos (1.760 libras) en el lanzamiento, casi tres veces más pesado que los satélites de la generación anterior. Propulsores Hall de argón, banda E, capacidad 4 veces mayor por satélite.
  • V2 completa / Block 3: se reporta una longitud de 7 m, un ancho de 3,5 m y una masa de unos 1.200 kg. Esto convierte a Starship en el único vehículo de lanzamiento viable para los satélites de segunda generación.

Cada transición generacional requiere retirar los satélites más antiguos para liberar órbitas y dar paso a los nuevos. Es un proceso deliberado de renovación de flota, similar al de una aerolínea que retira sus aviones más viejos para operar modelos más nuevos y eficientes en las mismas rutas.

3. La escala y las estadísticas de la actividad de deórbita de SpaceX Starlink

Campañas de deórbita históricas: los números en contexto

La escala de las operaciones de deórbita de SpaceX ha crecido al mismo ritmo que la constelación. En los primeros años, la actividad de deórbita era mínima e implicaba unidades prototipo y un puñado de satélites con fallos. Eso cambió cuando la flota V1 empezó a envejecer.

SpaceX ha llegado a deorbitar satélites a un ritmo de cuatro o cinco al día, y entre diciembre de 2024 y mayo de 2025 cayeron 472, lo que sigue siendo el total más alto registrado en un período de seis meses.

El período de información más reciente muestra que el ritmo sigue siendo elevado. SpaceX confirmó que ejecutó con éxito maniobras de deórbita atmosférica controlada para 260 satélites Starlink entre el 1 de diciembre de 2025 y el 31 de mayo de 2026. Esta cifra está bastante por debajo de los 472 satélites que la empresa retiró durante el mismo período de seis meses del año anterior.

SpaceX comunicó a la FCC que 176 de los 260 satélites deorbitados pertenecían a la flota original de Starlink de primera generación, mientras que el resto provenía de la nueva línea Gen2. Otros 349 satélites fueron retirados del servicio activo durante el mismo período y están ahora en cola para su eliminación en los próximos meses.

El astrónomo Jonathan McDowell le dijo a EarthSky que entre uno y dos satélites Starlink regresan a la Tierra cada día. De forma acumulada, el Informe Espacial de Jonathan contabilizó 12 294 naves espaciales Starlink lanzadas en su resumen actualizado el 13 de junio de 2026, mientras que solo aproximadamente 10 600 siguen activas en órbita, lo que significa que más de 1 600 ya han reentrado en la atmósfera.

Tasa de deórbita frente a tasa de lanzamiento: la matemática de la renovación de la flota

Entender la dinámica de la constelación requiere comparar la velocidad a la que SpaceX retira el hardware antiguo con la velocidad a la que lanza el nuevo.

A mediados de 2026, SpaceX tiene aproximadamente 10.697 satélites Starlink activos en órbita. El número total lanzado desde mayo de 2019 supera los 10.704, aunque algunos han sido desorbidados al final de su vida útil o se han perdido por fallos. (Nota: los distintos sistemas de seguimiento ofrecen cifras ligeramente diferentes según su metodología y frecuencia de actualización.)

Con el ritmo de lanzamientos actual, de unos 20-23 satélites cada pocos días en el Falcon 9, y con tandas mucho más grandes previstas para la Starship, la constelación de segunda generación está llamada a crecer rápidamente durante el resto de la década.

Los números cuentan una historia clara: SpaceX está lanzando muchos más satélites de los que retira, lo que significa que la constelación sigue creciendo. Pero a medida que la flota V1 vaya envejeciendo por completo y la propia flota V2 empiece a alcanzar su vida útil de 5 años hacia finales de esta década, la tasa de desórbita se acelerará aún más. Con aproximadamente 43 satélites que reingresan a la atmósfera al mes, SpaceX debe financiar continuamente los ciclos de fabricación y lanzamiento para mantener el tamaño de la constelación.

Para 2030, si SpaceX alcanza su objetivo de más de 15.000 satélites, la empresa podría estar desorbidando entre 200 y 400 satélites al mes simplemente para mantener el estado estacionario, sin contar los fallos ni las actualizaciones.

Comparación con otros operadores de satélites

El volumen de desórbitas de SpaceX supera al de todos los demás operadores de satélites juntos. La constelación Starlink de SpaceX cuenta ahora con aproximadamente 9.900 satélites operativos, más de dos tercios de todas las naves espaciales activas de la historia.

A modo de comparación, la constelación Kuiper de Amazon ya tenía unos 175 satélites en órbita en febrero de 2026, con 3.200 satélites previstos para el despliegue completo. OneWeb opera aproximadamente 600 satélites. Los operadores tradicionales de órbita geoestacionaria pueden retirar uno o dos satélites al año. El enorme volumen de las operaciones de SpaceX la convierte en el referente de facto con el que se miden las prácticas de retirada de satélites del resto de operadores.

La Carta Zero Debris de la ESA, impulsada por el Acelerador de «Protección de Activos Espaciales» de la ESA y creada por 40 actores del sector espacial, recoge tanto principios rectores de alto nivel como objetivos específicos definidos conjuntamente para alcanzar cero residuos en 2030. Por su parte, la constelación china Qianfan (~14 000 satélites previstos) lanzó sus primeros lotes operativos en 2024. A medida que estos competidores aumentan su escala, la cuestión de las prácticas responsables de desecho se volverá cada vez más urgente.

4. Demisibilidad de los satélites: cómo están diseñados los satélites Starlink para desintegrarse

La filosofía de diseño orientada a la demisibilidad

La demisibilidad hace referencia al objetivo de ingeniería de garantizar que un satélite se fragmente y se vaporice por completo durante la reentrada en la atmósfera, sin dejar restos que lleguen al suelo. Un aspecto fundamental del diseño sostenible de satélites es precisamente la demisibilidad, que asegura que los satélites se desintegren y se quemen por completo durante la reentrada atmosférica. Cualquier fragmento que no se destruya por completo debe tener una energía de impacto despreciable.

Los satélites Starlink v1.0 están diseñados para que el 100 % de todos sus componentes se destruya o se queme por completo en la atmósfera terrestre al final de la vida útil de cada satélite. Esto supone un estándar más exigente que el de los primeros prototipos v0.9, cuyo objetivo era una demisibilidad del 95 %.

La FCC exige que cualquier objeto que sobreviva a la reentrada debe presentar un riesgo de bajas humanas inferior a 1 entre 10 000. Como parte del proceso de licencias de la FCC para constelaciones de satélites, los operadores deben llevar a cabo una evaluación del riesgo de bajas humanas basada en las Prácticas Estándar de Mitigación de Desechos Orbitales del Gobierno de EE. UU. (ODMSP, por sus siglas en inglés) y en la norma de la NASA, que limita a 1 entre 10 000 el riesgo de víctimas humanas en cualquier parte del mundo provocado por una única estructura espacial que reingrese de forma incontrolada. La evaluación del riesgo de bajas humanas incluye todos los objetos que tendrían una energía cinética de impacto superior a 15 julios. Como referencia, 15 julios de energía equivalen aproximadamente a los que genera un granizo de unos 4,3 cm.

Ingeniería de materiales para la combustión atmosférica

La clave para lograr una destrucción completa reside en la selección de materiales. El aluminio y sus aleaciones constituyen el material estructural principal de los satélites Starlink, y no es casualidad. El aluminio tiene un punto de fusión relativamente bajo (en torno a los 660 °C) en comparación con el acero (~1 370 °C) o el titanio (~1 668 °C), lo que significa que comienza a fundirse y vaporizarse con mucha más facilidad que otras alternativas de mayor punto de fusión cuando alcanza las temperaturas propias de la reentrada.

SpaceX evita usar componentes de alto punto de fusión siempre que es posible, pero ciertos elementos de hardware presentan dificultades. Las ruedas de reacción, los paquetes de baterías y algunas carcasas electrónicas incorporan materiales como acero inoxidable, cobre o compuestos de litio que resisten la combustión. Entre las generaciones de satélites V1 y V2, SpaceX ha rediseñado varios de estos componentes para mejorar sus características de desintegración, sustituyendo materiales de menor punto de fusión y diseños modulares que favorecen la fragmentación en fases más tempranas de la reentrada.

Física de la reentrada: qué ocurre realmente durante la combustión

Cuando un satélite Starlink desciende por debajo de unos 120 km de altitud, empieza a encontrarse con moléculas atmosféricas significativas. El calentamiento aerodinámico aumenta rápidamente a medida que la energía cinética se convierte en energía térmica.

Un satélite típico de 250 kilogramos, con un 30% de su masa compuesta por aluminio, generará unos 30 kilogramos de nanopartículas de óxido de aluminio durante su caída en reentrada. La mayoría de estas partículas se crean en la mesosfera, entre 50 y 85 kilómetros por encima de la superficie terrestre.

La secuencia de reentrada se desarrolla en fases diferenciadas:

  1. Calentamiento inicial (120–100 km): El satélite se encuentra con una atmósfera cada vez más densa, las temperaturas superficiales aumentan y la vaina de plasma empieza a formarse alrededor de la nave.
  2. Fragmentación estructural (100–80 km): Las fuerzas aerodinámicas superan los límites estructurales del satélite. Los paneles solares, las antenas y otros componentes salientes se desprenden. El cuerpo principal empieza a desintegrarse.
  3. Calentamiento máximo y vaporización (80–70 km): La mesosfera. Las estructuras de aluminio se funden y oxidan, generando las columnas de nanopartículas que los investigadores estudian actualmente. La mayor parte de la masa del satélite se consume durante esta fase.
  • Dispersión final (por debajo de 70 km): Los fragmentos que sobreviven, normalmente pequeños y densos, continúan desacelerándose. Si alcanzan la estratosfera, pueden derivar durante períodos prolongados antes de depositarse en la superficie.

Investigadores independientes rastrean el hardware de Starlink que reingresa usando radar terrestre y sensores ópticos, verificando a menudo las predicciones de destrucción de SpaceX con los eventos de reentrada observados.

Componentes que sobreviven: el problema sin resolver

A pesar del objetivo de SpaceX de lograr una destrucción del 100%, los estudios sugieren que parte del hardware podría sobrevivir a la reentrada. Los tanques de acero inoxidable, ciertos ensamblajes de placas de circuito y los componentes metálicos densos pueden resistir las cargas térmicas de la reentrada el tiempo suficiente para llegar al suelo. Se utiliza modelado de flujo hipersónico para predecir qué componentes corren riesgo de sobrevivir, y SpaceX continúa con la I+D para abordar estas preocupaciones mediante la sustitución de materiales y modificaciones de diseño en las generaciones más recientes.

Las nuevas naves de segunda generación son considerablemente más pesadas, con un rango de entre 800 y 1.250 kilogramos, lo que eleva el nivel de exigencia en cuanto a la capacidad de destrucción. Un satélite V1 de 260 kg genera un cierto volumen de productos de reentrada; un V2 Mini de 800 kg genera aproximadamente tres veces más material por unidad. Garantizar una combustión completa a masas mayores requiere una ingeniería muy cuidadosa.

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5. Preocupaciones medioambientales: partículas metálicas e impacto químico en la atmósfera

Qué ocurre con el material vaporizado de los satélites

Cuando un satélite se desintegra, su masa no desaparece. Se transforma desde una estructura sólida en una nube de óxidos metálicos, nanopartículas y subproductos gaseosos dispersos por la mesosfera y la estratosfera. El producto dominante, dado que los satélites Starlink están construidos principalmente con aluminio, es el óxido de aluminio (Al₂O₃).

La desintegración de un satélite típico de 250 kg puede generar alrededor de 30 kg de nanopartículas de óxido de aluminio, que pueden persistir durante décadas en la atmósfera. Se estima que los compuestos de óxido de aluminio generados por todos los satélites que reingresaron a la atmósfera en 2022 ascendieron a unas 17 toneladas métricas.

Existe una diferencia importante entre el material meteórico natural y los residuos de reentrada de origen humano. Aproximadamente entre 40 y 80 toneladas métricas de material meteoroide natural entran cada día en la atmósfera terrestre, en su mayoría como partículas diminutas que se ablacionan sin causar daño. La pregunta es si la incorporación de metales procedentes de satélites, a una escala cada vez mayor, introduce efectos químicos cualitativamente distintos.

El óxido de aluminio y la química estratosférica

La principal preocupación gira en torno a la interacción del óxido de aluminio con la química del ozono estratosférico.

Los satélites se desintegran al final de su vida útil durante la reentrada, generando óxidos de aluminio como principal subproducto. Estos son catalizadores conocidos de la activación del cloro, que destruye el ozono en la estratosfera.

El mecanismo funciona de la siguiente manera: los óxidos de aluminio no reaccionan químicamente con las moléculas de ozono, sino que desencadenan reacciones destructivas entre el ozono y el cloro que agotan la capa de ozono. Como los óxidos de aluminio no se consumen en estas reacciones químicas, pueden seguir destruyendo molécula tras molécula de ozono durante décadas mientras van descendiendo por la estratosfera.

Un estudio de 2024 publicado en Geophysical Research Letters por investigadores de la Universidad del Sur de California fue el primero en utilizar simulaciones de dinámica molecular a escala atómica para modelar este proceso. En 2022, los satélites que reingresaron a la atmósfera aumentaron el aluminio en la atmósfera un 29,5% por encima de los niveles naturales.

El equipo calculó que, en función del tamaño de las partículas, los óxidos de aluminio tardarían hasta 30 años en descender hasta altitudes estratosféricas, donde se encuentra el 90% del ozono terrestre. Los investigadores estimaron que, cuando las constelaciones de satélites actualmente planificadas estén completas, cada año caerán a la Tierra 912 toneladas métricas de aluminio.

Preocupaciones químicas más amplias: litio, cobre y otros materiales

El óxido de aluminio no es la única preocupación. Las baterías de los satélites contienen litio, que también se vaporiza durante la reentrada. El cobre de los cables y las placas de circuitos, junto con pequeñas cantidades de otros metales, entra en la atmósfera en forma de nanopartículas. El destino biogeoquímico de estos materiales en la atmósfera superior no se comprende bien.

Además, el propulsor utilizado en las maniobras de desorbitación y los subproductos de combustión de los propulsores a altitudes más bajas aportan pequeñas cantidades de compuestos con carbono a la atmósfera.

El problema de la escala: por qué las megaconstelaciones cambian las reglas del juego

El problema crítico no es la reentrada de un único satélite, sino lo que ocurre cuando la tasa anual de reentrada alcanza cientos o miles de satélites al año.

Se prevé la construcción de numerosas megaconstelaciones de satélites en órbita terrestre baja durante las próximas décadas. Las estimaciones apuntan a que el número de satélites en LEO podría superar los 60.000 en 2040. El aumento del flujo de masa anual de material antropogénico en la atmósfera superior como resultado del mantenimiento de estas megaconstelaciones podría rivalizar con el flujo de masa meteorítico de origen natural.

Un estudio de la NOAA/CIRES de 2025 publicado en el Journal of Geophysical Research: Atmospheres fue más allá en la investigación. El estudio sugiere que una gran cantidad de alúmina podría alterar la velocidad del vórtice polar, calentar partes de la mesosfera hasta 1,5 grados Celsius e impactar en la capa de ozono.

Para 2030, las estimaciones del total de satélites activos oscilan entre 30.000 y más de 60.000, dependiendo de cuántas constelaciones planificadas lleguen a desplegarse. Si cada uno de esos satélites tiene una vida útil de 5 años, la tasa anual de reentrada podría superar los 10.000 vehículos espaciales por año en menos de una década, un nivel de carga atmosférica que ningún estudio existente ha modelado por completo.

La respuesta de SpaceX y la incertidumbre científica

La postura de SpaceX ha sido que los impactos actuales se encuentran dentro de la variabilidad natural y no son perjudiciales. La empresa señala el flujo meteórico natural, que es vastamente superior, como contexto.

Sin embargo, los investigadores replican que la composición química de los materiales de los satélites, predominantemente aluminio y litio, difiere significativamente de la composición natural de los meteoroides. La persistencia catalítica del óxido de aluminio en particular, que no se consume en las reacciones que facilita, hace que las comparaciones directas con el aporte meteórico natural resulten engañosas.

Grupos de defensa medioambiental han utilizado las métricas de desórbita para presionar a la FCC a eliminar la histórica norma de «exclusión categórica» recogida en la Ley de Política Medioambiental Nacional (NEPA). Si se eliminara, SpaceX y otros operadores de constelaciones rivales estarían legalmente obligados a elaborar declaraciones de impacto medioambiental exhaustivas que detallen la huella química en la atmósfera superior de todo el ciclo de vida de su flota antes de recibir las autorizaciones de lanzamiento.

Actualmente no existe ningún marco regulatorio internacional que regule la contaminación atmosférica por reentrada. La comunidad científica ha reclamado programas de seguimiento a largo plazo para establecer datos de referencia antes de que la era de las megaconstelaciones alcance su plena escala.

6. Mitigación de la basura espacial: por qué la reentrada controlada es mejor que la decaída pasiva

El problema de la basura espacial en la órbita terrestre baja

El entorno de la LEO está cada vez más saturado. La ESA calcula que más de un millón de fragmentos de basura de 1 centímetro o más se encuentran en órbita alrededor de la Tierra, lo que supone una amenaza para las operaciones espaciales.

El síndrome de Kessler, descrito por primera vez por el científico de la NASA Donald Kessler en 1978, modela un escenario en el que la densidad de objetos en la LEO alcanza un punto de inflexión en el que las colisiones generan más basura de la que las fuerzas naturales pueden eliminar. El síndrome de Kessler es un escenario en el que la densidad de objetos en órbita terrestre baja es tan alta que las colisiones entre objetos provocan una reacción en cadena. Y cada colisión genera basura espacial que aumenta la probabilidad de nuevas colisiones.

La banda de altitud entre 400 y 600 km, precisamente donde opera Starlink, es a la vez la más valiosa comercialmente y la que más riesgo corre de acumulación de basura.

La norma de reentrada de 5 años frente a los 25 años: historia y evolución

Durante décadas, la directriz internacional para la eliminación de satélites al final de su misión fue de 25 años. Esta norma, establecida por el Comité de Coordinación de Basura Espacial entre Agencias (IADC) en 2002, fue adoptada por la NASA y quedó reflejada en las Prácticas Estándar de Mitigación de Basura Orbital del Gobierno de EE. UU.

El ritmo de la actividad espacial comercial dejó esa norma obsoleta. En 2022, la Comisión Federal de Comunicaciones aprobó una nueva norma regulatoria para la industria espacial que obliga a los operadores de satélites en órbita terrestre baja a retirar sus satélites en un plazo máximo de cinco años tras el fin de su misión. La norma de reentrada de cinco años sustituye a la antigua directriz de veinticinco años y entró oficialmente en vigor el 29 de septiembre de 2024. La FCC declaró que la intención de esta norma es gestionar y mitigar el rápido aumento de la actividad espacial comercial.

Los comisionados votaron 4-0 a favor de adoptar el borrador de la norma, que exige a los satélites en LEO que se desorbiten "lo antes posible y como máximo cinco años después de completar su misión".

El programa de satélites Starlink de SpaceX está diseñado y programado dentro del marco temporal de la norma de desórbita de cinco años. En la práctica, la norma de cinco años de la FCC favorece a empresas como SpaceX porque su modelo de negocio ya contempla la sustitución frecuente de satélites, y sus operaciones están alineadas con el despliegue y la desórbita de satélites a corto plazo.

Cómo la desórbita controlada reduce el riesgo de colisión durante la fase de eliminación

Durante el descenso desde la altitud operativa hasta la reentrada, un satélite en proceso de desórbita atraviesa los corredores orbitales ocupados por otras naves espaciales activas. Esta fase de tránsito conlleva su propio riesgo de colisión.

SpaceX mitiga este riesgo mediante varios mecanismos. Su sistema automatizado de evasión de colisiones puede ejecutar maniobras evasivas incluso durante el descenso de desórbita. La empresa también selecciona altitudes de eliminación (alrededor de 350 km) que equilibran la eficiencia del arrastre atmosférico con el tiempo de exposición al riesgo: lo suficientemente bajas como para que el arrastre atmosférico complete la reentrada en semanas o meses, pero no tanto como para prolongar innecesariamente el tiempo de tránsito por los corredores orbitales más concurridos.

Una desórbita controlada mediante propulsión es mucho más corta y segura que una desórbita no controlada y balística comparable desde una altitud equivalente. Una desórbita controlada desde 550 km puede tardar unos pocos meses desde la orden hasta la reentrada. Una caída no controlada desde la misma altitud podría durar entre 5 y 10 años, durante los cuales el satélite inactivo supone un riesgo de colisión continuo.

Sostenibilidad de las constelaciones: el cálculo de generación de basura espacial a largo plazo

La sostenibilidad a largo plazo de una megaconstelación depende de mantener una tasa de éxito en la eliminación muy cercana al 100 %. Incluso tasas de fallo pequeñas se acumulan con el tiempo.

La FCC exige a los operadores de megaconstelaciones mantener una tasa de "fiabilidad de eliminación posoperacional" de al menos el 95 %. La documentación presentada por SpaceX indica una tasa de fiabilidad de eliminación superior al 99 %.

Si SpaceX mantiene una tasa de fiabilidad de eliminación del 99 % en una constelación de 15 000 satélites con un ciclo de sustitución de 5 años, aproximadamente 30 satélites por ciclo de sustitución podrían no conseguir desorbitar. A lo largo de una década, esa cifra se acumula hasta llegar potencialmente a más de 60 satélites muertos y fuera de control a la deriva por las capas orbitales de la constelación. Esto es considerablemente mejor que una tasa del 95 % (que dejaría más de 150 satélites muertos por ciclo), pero ilustra por qué la búsqueda de una fiabilidad aún mayor no es negociable.

Los cálculos se complican aún más si tenemos en cuenta varias megaconstelaciones operando simultáneamente. Starlink, Kuiper, Qianfan y otras compartirán el entorno de órbita baja terrestre, cada una aportando su propio tráfico de desórbita y sus posibles casos de fallo en la eliminación.

7. Marco regulatorio y supervisión de la FCC sobre el cumplimiento del desorbitado de Starlink

El papel de la FCC en la política estadounidense de mitigación de basura espacial

La FCC es el principal organismo regulador de los sistemas satelitales con licencia estadounidense. Su jurisdicción se extiende a los requisitos de mitigación de basura orbital como condición para otorgar y mantener licencias de espectro. A finales de 2022, la FCC introdujo un cambio fundamental: los satélites que operen en la Órbita Terrestre Baja o que la atraviesen deben desorbitarse en un plazo máximo de cinco años tras completar su misión, frente al anterior plazo orientativo de 25 años. Esta norma forma parte de un esfuerzo más amplio para reducir el riesgo de colisiones y preservar el acceso orbital para futuras misiones.

El incumplimiento conlleva consecuencias serias. La FCC hace cumplir sus normas sobre basura espacial a través de las condiciones de las licencias. El incumplimiento puede derivar en la revocación de la licencia.

El historial de cumplimiento de SpaceX y los fallos detectados

El historial de cumplimiento general de SpaceX es sólido. SpaceX afirma que su tasa de fiabilidad en la eliminación de satélites supera el 99 %, muy por encima del umbral del 95 % que exige la FCC para los operadores de megaconstelaciones.

No obstante, el historial no es perfecto. En los documentos presentados ante la FCC en 2022-2023, SpaceX reveló que un pequeño número de satélites Starlink había incumplido sus ventanas de desorbitado debido a anomalías de software y retrasos en la coordinación con estaciones terrestres. SpaceX proporcionó explicaciones detalladas para cada caso y actualizó sus operaciones en respuesta al escrutinio de la FCC.

La pregunta de fondo es si el marco de supervisión actual resulta adecuado para operaciones a la escala de una megaconstelación. Cuando una constelación supera los 10 000 satélites, incluso una tasa de fallo del 1 % genera un volumen de unidades no conformes que, en conjunto, representa un riesgo significativo de basura orbital.

Exenciones, dispensas y la zona gris regulatoria

SpaceX ha solicitado, en casos concretos, prórrogas del plazo de desorbitación para satélites individuales. El proceso de exención de la FCC permite a los operadores solicitar excepciones basándose en una necesidad demostrada, como un satélite que todavía puede prestar servicio pero cuya propulsión se está deteriorando.

En sus comunicaciones con la FCC, Amazon "debatió reformas propuestas a la norma de cinco años de desorbitación postmisión de la Comisión" y argumentó que la norma "impone un calendario artificial y rígido que no mejora de forma clara y significativa la seguridad espacial para tecnologías y perfiles de misión diversos". Esto pone de manifiesto la tensión permanente entre los estándares regulatorios y la flexibilidad operativa.

Los críticos, entre ellos competidores e investigadores de basura espacial, han expresado su preocupación por la aplicación desigual de la norma y por la posibilidad de que los operadores traten la regla de los 5 años como una recomendación y no como un límite inamovible.

Contexto regulatorio internacional

La norma de los 5 años de la FCC es el estándar nacional más estricto, pero solo se aplica a los operadores con licencia estadounidense. El panorama internacional es un mosaico de directrices y aspiraciones.

El Reglamento de Radiocomunicaciones de la UIT aborda la coordinación del espectro, pero no impone requisitos vinculantes de mitigación de basura espacial. Las directrices del IADC siguen siendo recomendaciones no vinculantes. La Carta de Cero Residuos de la ESA tiene como objetivo dejar de generar basura espacial antes de 2030. Nueva Zelanda y México fueron de los primeros países ajenos a Europa en firmar la carta.

El Comité de las Naciones Unidas sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos (COPUOS) ha publicado directrices de sostenibilidad a largo plazo, pero estas son voluntarias. La ausencia de un cumplimiento internacional vinculante genera el riesgo de que los operadores en jurisdicciones menos reguladas puedan socavar las prácticas responsables adoptadas por los operadores estadounidenses y europeos, generando una dinámica de competencia a la baja.

Tendencias regulatorias emergentes que afectan a los futuros requisitos de desorbitación

Varios avances regulatorios podrían transformar el panorama de la desórbita en los próximos años:

  • Plazos más estrictos: Algunas propuestas abogan por realizar la eliminación post-misión en 1-3 años, no en 5.
  • Instrumentos financieros: La FCC ha propuesto (aunque aún no ha finalizado) un requisito de fianza de rendimiento. Los operadores depositarían una fianza en el momento de obtener la licencia, que se devolvería tras una eliminación exitosa. El importe de la fianza reflejaría el coste estimado de deshacerse del satélite en caso de que el operador no lo haga. Esta propuesta sigue siendo polémica y aún está siendo estudiada.
  • Evaluación medioambiental: Los grupos ecologistas siguen presionando para que se realicen declaraciones de impacto ambiental según la NEPA que cubran los efectos atmosféricos de la reentrada de satélites.
  • Licencias específicas para megaconstelaciones: La elaboración normativa en curso de la FCC para la concesión de licencias de constelaciones de nueva generación podría introducir requisitos escalonados en función del tamaño de la constelación.

Para SpaceX, un endurecimiento regulatorio podría implicar rediseñar los satélites V2 y las generaciones futuras para lograr tiempos de desórbita aún más rápidos y una mayor capacidad de destrucción en la reentrada, lo que supondría un coste adicional, pero también reforzaría la ventaja competitiva de la empresa frente a los operadores que aún no han invertido en una infraestructura de eliminación sólida.

8. Sustitución de la flota y actualizaciones de nueva generación: de la V1 a la V2 y más allá

Cronología de las generaciones de satélites Starlink

SpaceX ha ido evolucionando a través de varias generaciones de satélites en tan solo siete años:

  • V1.0 (2019–2021): El modelo de producción inicial. Comunicaciones en bandas Ku/Ka, propulsores de efecto Hall de kriptón y enlaces entre satélites limitados. Pesaba alrededor de 573 libras, unos 260 kilogramos.
  • V1.5 (2021–2022): Se añadieron enlaces láser entre satélites y diversas mejoras. La masa aumentó ligeramente hasta ~260–306 kg. Los enlaces láser supusieron un cambio radical, ya que permiten enrutar datos entre satélites sin pasar por una estación terrestre.
  • V2 Mini (2023–presente): Cada satélite Starlink V2 Mini pesa unos 800 kilogramos en el momento del lanzamiento. Los satélites V2 Mini incorporan un sistema de propulsión eléctrica alimentado con argón mediante propulsores Hall. El nuevo sistema de propulsión tiene 2,4 veces más empuje y 1,5 veces más impulso específico que los propulsores iónicos de kriptón de la primera generación. El nuevo diseño de satélite Starlink tendrá cuatro veces más capacidad de comunicaciones que las primeras generaciones.
  • V2 completa / Bloque 3: Diseñada para Starship. Cada satélite Starlink V2.0 pesará alrededor de 1,25 toneladas, medirá unos siete metros de longitud y será casi un orden de magnitud más capaz que los satélites «Starlink 1».

La flota V1.0 se encuentra ahora en plena fase de desorbitalización, habiendo alcanzado y superado su vida útil de diseño de 5 años. Los satélites V1.5 se acercan al mismo umbral. Los satélites V2 Mini, lanzados a partir de febrero de 2023, no empezarán a llegar al final de su vida útil hasta 2028 como muy pronto.

Por qué las transiciones entre generaciones requieren eventos masivos de desorbitalización

La reutilización de posiciones orbitales es el principal motor de este proceso. Un satélite V2 Mini ofrece aproximadamente 4 veces más ancho de banda que un satélite V1 en la misma posición orbital. Mantener en servicio una unidad V1 envejecida cuando un V2 Mini podría ocupar su lugar significa aceptar un rendimiento menor de la constelación sin ninguna razón operativa.

A medida que SpaceX elimina los bloques de hardware más antiguos, está rellenando rápidamente los planos orbitales inferiores con satélites Starlink v2 Mini de mayor capacidad y con los satélites Block 3 de escala completa.

La gestión del espectro añade otra capa de complejidad. Los satélites más antiguos pueden no utilizar las frecuencias con la misma eficiencia que los modelos más recientes, y las condiciones regulatorias sobre el uso del espectro pueden exigir la renovación de la flota en plazos determinados.

Mejoras de diseño de los satélites V2 relevantes para la desórbita

La generación V2 incorpora varias mejoras directamente relacionadas con la retirada al final de su vida útil:

  • Mayor capacidad de desintegración: La sustitución de materiales y los elementos de diseño modular hacen que los satélites V2 tengan más probabilidades de desintegrarse por completo durante la reentrada.
  • Redundancia de propulsión: Los propulsores Hall de argón de las unidades V2 Mini proporcionan mayor empuje y eficiencia, reduciendo el riesgo de que un satélite se quede sin propelente antes de completar una maniobra de desórbita.
  • Autonomía a bordo: Los satélites más nuevos pueden ejecutar secuencias de desórbita con una intervención mínima desde tierra, lo que reduce el riesgo de retrasos de coordinación que podrían provocar ventanas de desórbita perdidas.
  • Mayor vida útil de diseño: Hay indicios de que los satélites V2 podrían alcanzar más de 7 años de vida operativa, lo que reduciría la tasa de renovación anual, pero incrementaría la masa por unidad que reingresa en la atmósfera al final de su vida útil.

El papel de Starship en la aceleración de la renovación de la flota

La capacidad de carga de Starship supone un cambio radical en la economía del despliegue. Combinado con el hecho de que Starship podría ofrecer unas 10 veces más de rendimiento a la LEO que el Falcon 9, un solo lanzamiento de Starship podría en teoría ampliar la capacidad total de la red aproximadamente veinte veces más que un lanzamiento del Falcon 9.

Esto tiene consecuencias directas en los volúmenes de desorbitación. Los lanzamientos más baratos y de mayor capacidad permiten a SpaceX retirar el hardware más antiguo de forma más agresiva, acelerando el ciclo de renovación de la flota. El bucle de retroalimentación es evidente: unos costes de lanzamiento más bajos permiten actualizaciones más rápidas, que a su vez requieren mayores tasas de desorbitación.

El 9 de enero de 2026, la FCC concedió a SpaceX autorización para construir, desplegar y operar 7.500 satélites Starlink de segunda generación Gen2 adicionales, elevando la constelación total aprobada a 15.000 satélites.

9. Tasas de desgaste de la constelación y gestión del riesgo operativo

Deórbitas planificadas vs. no planificadas: definición de las categorías

La actividad de deórbita de SpaceX se divide en dos grandes categorías.

Las deórbitas planificadas incluyen retiradas al final de su vida útil, transiciones entre generaciones y maniobras de optimización de capacidad. Están programadas, coordinadas y ejecutadas según un calendario predecible. Representan la mayor parte de la actividad de deórbita de SpaceX.

Las deórbitas no planificadas son consecuencia de fallos de propulsión, pérdida del sistema de alimentación, anomalías de software o eventos externos como tormentas solares. No pueden predecirse con antelación y requieren una respuesta rápida.

SpaceX retira la mayoría de estos satélites Starlink más antiguos porque han alcanzado su vida útil de cinco años o porque presentan problemas tempranos de batería y telemetría, no porque haya habido fallos generalizados. La proporción entre deórbitas planificadas y no planificadas se ha decantado claramente hacia la actividad planificada a medida que la flota madura y los procesos operativos de SpaceX se han consolidado.

El clima espacial y su impacto en los plazos de deórbita

La actividad solar tiene un efecto considerable en las tasas de decaimiento orbital. Durante los periodos de alta actividad solar, como el máximo solar que se produjo en 2024-2025, la atmósfera superior se expande y se vuelve más densa a las altitudes de los satélites. Este aumento de densidad acelera el arrastre y acorta el tiempo que tarda un satélite en decaer de forma natural.

Actividad solar: un sol activo calienta y expande la atmósfera superior, lo que incrementa el arrastre de forma considerable. Durante el máximo solar, los satélites situados entre 400 y 600 km pueden perder altitud varias veces más rápido que durante el mínimo solar.

La tormenta solar de febrero de 2022 sigue siendo el caso de estudio más representativo. Los Starlinks de febrero de 2022 fueron alcanzados en el peor momento posible: lo suficientemente bajos como para que la resistencia atmosférica importara, demasiado recientes como para haber ascendido a altitudes más seguras, y orientados para su despliegue en lugar de para sobrevivir en la atmósfera. Los 40 satélites que reingresaron representaban una pequeña fracción de la constelación, pero una gran parte de un único lanzamiento.

SpaceX ha ajustado algunos aspectos de su perfil de despliegue y los procedimientos para adoptar una actitud de baja resistencia durante condiciones de perturbación. La compañía también se ha convertido en una de las consumidoras más activas de previsiones meteorológicas espaciales en el sector comercial.

Gestión de eventos de deórbita masiva no planificada

¿Qué ocurre si un fallo sistémico afecta a cientos de satélites de forma simultánea? Aunque no ha sucedido ningún evento de este tipo, la filosofía de diseño de «degradación progresiva» de SpaceX contempla esta posibilidad.

El segmento terrestre monitoriza continuamente los indicadores de estado de cada satélite operativo. Los datos de telemetría sobre el voltaje de las baterías, el rendimiento de los propulsores, la gestión térmica y la integridad de las comunicaciones se analizan en tiempo real. Cuando aparecen patrones que sugieren un riesgo de fallo en modo común, SpaceX puede iniciar campañas de deórbita proactiva antes de que el problema se extienda.

Starlink adopta una postura conservadora en las decisiones de deórbita basándose en el análisis de riesgo de posibles fallos de hardware. En 2024, Starlink comenzó una deórbita proactiva a gran escala de los primeros satélites V1 tras identificar un problema común en una pequeña parte de esa generación que podría aumentar la probabilidad de futuros fallos.

La coordinación con el USSPACECOM y proveedores comerciales de seguimiento como LeoLabs garantiza que los objetos en decaimiento orbital sean monitorizados y que sus trayectorias de reentrada se compartan con la comunidad más amplia de operaciones espaciales.

Seguros, responsabilidad civil y riesgo financiero de los eventos de deórbita masiva

El mercado de seguros para satélites en megaconstelaciones LEO sigue en evolución. Los seguros satelitales tradicionales fueron diseñados para un puñado de activos GEO de alto valor, no para miles de unidades LEO producidas en serie.

Se entiende ampliamente que SpaceX autoasegura su flota Starlink. Teniendo en cuenta el ritmo de fabricación de la empresa y el coste relativamente bajo por unidad de los satélites Starlink (estimado entre 250.000 y 500.000 € por unidad para la V1), el coste de perder un lote de 40 satélites, como ocurrió en febrero de 2022, es significativo, pero no supone una amenaza existencial.

En virtud del Tratado del Espacio Ultraterrestre y el Convenio sobre Responsabilidad, los estados de lanzamiento asumen la responsabilidad internacional por los daños causados por sus objetos espaciales. Si un fragmento superviviente de la reentrada de un satélite Starlink causara daños en tierra o a otro activo espacial, Estados Unidos, como estado de lanzamiento, y SpaceX podrían enfrentarse a reclamaciones de responsabilidad. El enfoque de reentrada dirigida de SpaceX, orientando los satélites en desórbita hacia el océano abierto, es una medida directa para mitigar este riesgo.

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10. Cronología de la caída orbital: ¿Cuánto tarda realmente un satélite Starlink en reentrar en la atmósfera?

Mecánica orbital de la reentrada: la física de la decadencia orbital

El tiempo que tarda un satélite en desorbitar y reentrar en la atmósfera depende de tres factores principales: la altitud, el coeficiente balístico del satélite (masa en relación con su área de resistencia aerodinámica) y la actividad solar.

La altitud es el parámetro más determinante para calcular la vida útil de un satélite: las órbitas bajas (200–400 km) experimentan una caída rápida de semanas a meses, mientras que a 800–1000 km la vida útil se extiende varias décadas.

Por debajo de 400 km, la caída se mide en meses. A 600 km, en años. A 800 km, en décadas o siglos. Por encima de 1000 km, los objetos permanecen en órbita durante milenios.

La densidad atmosférica disminuye de forma exponencial con la altitud. A 200 km, la atmósfera es lo suficientemente densa como para que un satélite reingrese en cuestión de días o semanas. A 350 km, la altitud típica a la que SpaceX baja sus Starlinks en proceso de desorbitación, el proceso tarda semanas o un par de meses dependiendo de las condiciones solares. A la altitud operativa de 480–550 km, un satélite sin propulsión tardaría aproximadamente entre 5 y 10 años en caer de forma natural.

La actividad solar actúa como multiplicador. En períodos de mayor actividad solar, la densidad atmosférica —y, por tanto, la resistencia aerodinámica— puede aumentar hasta 200 veces. Esto significa que un satélite que tardaría 5 años en caer durante el mínimo solar podría reentrar en apenas 1 o 2 años durante el máximo solar.

Ejemplo práctico: un satélite Starlink V1 a 350 km

Imaginemos un satélite Starlink V1 con una masa de aproximadamente 260 kg y paneles solares desplegados que ofrecen una sección transversal relativamente grande. SpaceX baja el satélite desde su altitud operativa de ~550 km hasta unos 350 km usando sus propulsores. A 350 km:

  • Durante el mínimo solar: la densidad atmosférica es menor. El satélite podría tardar entre 2 y 4 meses en caer desde los 350 km hasta la reentrada.
  • Durante el máximo solar (2024–2025): La densidad atmosférica es más elevada. El mismo satélite podría reentrar en 2–6 semanas.

SpaceX mantiene una tasa de fiabilidad en la retirada de satélites tras cada misión superior al 99%. Esto significa que prácticamente todos los satélites dados de baja logran regresar a la atmósfera en un plazo de seis meses desde que reciben la orden de desorbitación.

El diseño de panel plano del satélite Starlink, con grandes paneles solares desplegables, le otorga un coeficiente balístico favorable para la reentrada, lo que significa que su elevada relación área-masa genera mayor resistencia atmosférica por kilogramo de masa, acelerando así la degradación orbital.

Por qué SpaceX eligió operar a altitudes bajas

SpaceX opera deliberadamente Starlink a algunas de las altitudes más bajas de cualquier constelación comercial. SpaceX decidió reducir la altitud operativa de Starlink hasta aproximadamente 480 km, en parte para garantizar una degradación natural más rápida de los satélites que fallen.

Se trata de una decisión de diseño que prioriza la seguridad. Si un satélite falla por completo y no puede ejecutar una desorbitación controlada, la altitud más baja garantiza que igualmente reingresará a la atmósfera en pocos años, en lugar de permanecer como basura espacial durante décadas. La contrapartida es que las órbitas más bajas requieren disparos más frecuentes de los propulsores de mantenimiento orbital para compensar la resistencia atmosférica durante la vida útil del satélite, lo que consume más propelente, aunque proporciona un mecanismo de limpieza natural.

A 400 km de altitud, un satélite típico se desorbitará de forma natural en 1–5 años. A 550 km (la altitud operativa de Starlink), la desorbitación natural tarda entre 5 y 10 años.

Implicaciones para los satélites V2 y de mayor tamaño

El satélite V2 Mini de 800 kg y el V2 completo de aproximadamente 1.250 kg presentan perfiles de degradación orbital diferentes. Los satélites más pesados experimentan menos desaceleración por unidad de fuerza de arrastre, lo que significa que sus coeficientes balísticos son menos favorables para una decaída natural rápida. Sin embargo, los grandes paneles solares del V2 Mini (con una envergadura de 30 metros) compensan en parte la mayor masa al ofrecer una superficie de arrastre considerable.

Para los satélites V2, la capacidad de desórbita propulsada de SpaceX se vuelve aún más crítica. La decaída pasiva desde 550 km sería más lenta para estas unidades más pesadas, lo que hace que la desórbita controlada no sea solo preferible, sino imprescindible para cumplir con la normativa vigente.

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11. El camino por delante: la sostenibilidad de las megaconstelaciones en la próxima década

La historia de las reentradas de Starlink está lejos de terminar. En muchos sentidos, acaba de empezar.

A mediados de 2026, con más de 10.000 satélites Starlink en órbita y SpaceX con autorización de la FCC para operar eventualmente cerca de 15.000 satélites Gen2 solo en esa generación, la actividad constante de reentrada es simplemente parte de gestionar una constelación de este tamaño.

La próxima década pondrá a prueba todos los supuestos que respaldan la estrategia de desorbitalización de SpaceX. Las retiradas de los V1 irán reduciéndose, pero las de los V2 Mini comenzarán a aumentar hacia 2028-2029. Si Starship alcanza la cadencia de lanzamientos prevista, la generación V2 de tamaño completo podría desplegarse a un ritmo que haga que los volúmenes actuales de reentrada parezcan modestos.

La cuestión medioambiental sigue sin resolverse. Los investigadores apuntan a que la alúmina procedente de las reentradas de satélites podría alterar la velocidad del vórtice polar, calentar partes de la mesosfera hasta 1,5 grados Celsius e impactar en la capa de ozono. Si estos efectos se materializan a una escala significativa dependerá de la rapidez con la que crezcan las megaconstelaciones y de si se pueden desarrollar y aplicar tecnologías de mitigación, como materiales estructurales alternativos que generen subproductos menos dañinos durante la reentrada.

La evolución regulatoria es igualmente incierta. La norma de los 5 años de la FCC podría endurecerse aún más. Podría surgir un consenso internacional en torno a estándares vinculantes de mitigación de residuos espaciales, o podría seguir siendo difícil de alcanzar. El debate sobre la evaluación de impacto ambiental podría obligar a los operadores a realizar estudios completos antes de lanzar sus constelaciones, lo que añadiría tiempo y costes al despliegue.

Lo que está claro es que SpaceX ha creado el programa de eliminación de satélites más activo de la historia, con un historial de cumplimiento que supera los requisitos regulatorios por un margen considerable. Si ese historial será suficiente a medida que la constelación escala hacia los 42.000 satélites, y a medida que los competidores añaden sus propias decenas de miles, es la pregunta clave sobre la sostenibilidad del entorno de órbita terrestre baja.

Para cualquiera que siga estos avances, vale la pena vigilar las cifras: tasas de desorbitación por trimestre, porcentajes de fiabilidad en la eliminación, mediciones de partículas atmosféricas y presentaciones regulatorias. La constelación Starlink no es solo una red de comunicaciones. Es el mayor experimento en curso sobre sostenibilidad orbital que la humanidad haya llevado a cabo jamás.

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Preguntas frecuentes

¿Cuántos satélites Starlink ha desorbitalizado SpaceX?

A junio de 2026, el Space Report de Jonathan McDowell contabilizaba 12.294 naves espaciales Starlink lanzadas, de las cuales aproximadamente 10.600 siguen en órbita, lo que indica que más de 1.600 satélites han reentrado en la atmósfera mediante una combinación de desorbitalaciones controladas y fallos no planificados. Entre diciembre de 2024 y mayo de 2025, cayeron 472 satélites, el total semestral más alto registrado hasta la fecha. En el período más reciente (de diciembre de 2025 a mayo de 2026) se desorbitalaron 260 satélites.

¿Los satélites Starlink se desintegran por completo durante la reentrada?

SpaceX afirma que el 100 % de todos los componentes del diseño Starlink v1.0 se desintegrarán por completo en la atmósfera terrestre. En la práctica, lograr una combustión verdaderamente completa es un reto de ingeniería, y algunos estudios sugieren que ciertos componentes de alta densidad (piezas de acero inoxidable, placas de circuitos) podrían sobrevivir a la reentrada. SpaceX sigue mejorando la desintegrabilidad en cada nueva generación de satélites.

¿En qué consiste la norma de desorbitalación en 5 años de la FCC?

En 2022, la FCC adoptó una norma que obliga a los operadores de satélites en órbita terrestre baja (LEO) a retirar sus satélites en un plazo máximo de cinco años tras la conclusión de su misión, sustituyendo así la directriz de veinticinco años vigente durante décadas. Entró en vigor oficialmente el 29 de septiembre de 2024. La norma exige que los satélites en LEO sean desorbitalados «tan pronto como sea posible y, en cualquier caso, no más tarde de cinco años después de completar la misión».

¿Cuánto tiempo tarda un satélite Starlink en reentrar en la atmósfera tras recibir la orden de desorbitalación?

SpaceX mantiene una tasa de fiabilidad en la eliminación tras la misión superior al 99%, con casi todos los satélites retirados regresando con éxito a la atmósfera en un plazo de seis meses tras recibir la orden de desorbitación. El plazo real depende de la altitud del satélite en el momento de la orden y de los niveles de actividad solar. Desde ~350 km, la reentrada suele producirse en cuestión de semanas o pocos meses.

¿Puede la desorbitación de satélites dañar la capa de ozono?

Las investigaciones sugieren que es posible. Los satélites se incineran durante la reentrada, generando óxidos de aluminio como principal subproducto, que son catalizadores conocidos de la activación del cloro, el cual destruye el ozono en la estratosfera. En 2022, los satélites en reentrada aumentaron el aluminio en la atmósfera un 29,5% por encima de los niveles naturales. El impacto a largo plazo a plena escala de megaconstelación sigue siendo objeto de estudio.

¿Qué ocurrió durante la tormenta solar de Starlink en febrero de 2022?

El 4 de febrero, una tormenta geomagnética causada por el sol sacó de órbita hasta 40 nuevos satélites Starlink de SpaceX. Los datos del GPS mostraron un aumento de la resistencia atmosférica un 50% superior al registrado en lanzamientos anteriores. Los satélites, recién desplegados a una altitud de preparación baja de ~210 km, no pudieron superar el aumento de la resistencia y se incineraron durante la reentrada. Ningún fragmento llegó al suelo.

¿Cuál es la diferencia entre una reentrada controlada y una no controlada de un satélite?

Una reentrada controlada utiliza la propulsión a bordo para reducir la órbita del satélite de forma predecible, permitiendo una reentrada dirigida sobre zonas oceánicas remotas. Una reentrada no controlada se produce cuando un satélite pierde la propulsión y se deteriora de forma natural debido a la resistencia atmosférica, con una capacidad de predicción limitada sobre el momento y el lugar de reentrada. SpaceX apuesta por las desorbitaciones controladas siempre que es posible, logrando una tasa de éxito superior al 99%.

¿Cómo se compara el enfoque de desorbitación de SpaceX con el de otros operadores de satélites?

SpaceX opera a una escala que ningún otro operador se acerca siquiera. La constelación Starlink representa aproximadamente 9.900 satélites operativos, más de dos tercios de todas las naves espaciales activas. OneWeb opera alrededor de 600, y Kuiper de Amazon tenía unas 175 unidades en órbita a principios de 2026. La tasa de fiabilidad de desactivación de SpaceX, superior al 99%, marca el estándar del sector.

¿Cambiará Starship el ritmo de desorbitalización de satélites?

Sí. La capacidad de carga útil considerablemente mayor de Starship permitirá a SpaceX desplegar nuevas generaciones de satélites más rápido, lo que a su vez acelerará la retirada del hardware más antiguo. Un solo lanzamiento de Starship podría teóricamente ampliar la capacidad total de la red unas veinte veces más que un lanzamiento del Falcon 9, lo que significa que los ciclos de reemplazo de la flota se acortarán y los volúmenes de desorbitalización aumentarán en consecuencia.

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